Así empieza
El Nuevo Rosario entró en el puerto a las seis y diez, con la niebla tan baja que el faro parecía encendido dentro de una nube.
Lo vio primero Pachi, el de la lonja, que había salido a fumar. Oyó el motor antes de ver el casco y pensó que Ramón volvía pronto, que la mar no había dado nada o que alguien se había mareado. Luego vio que el barco no reducía.
Entró recto, demasiado rápido, y rozó el espigón con un ruido de madera que despertó a medio pueblo. Después se quedó dando vueltas lentas en mitad de la dársena, como un perro que no encuentra su sitio.
—¡Ramón! —gritó Pachi.
