21 de octubre de 2026
Por qué nunca leí las cartas de mi abuela
Lucía Ferrer · Se lee en 1 min
Durante años tuve en un cajón una caja de cartas que no eran mías. Eran de mi abuela, y las había escrito alguien a quien yo no conocía.
Nunca las leí enteras. Leía una línea, a veces dos, y volvía a cerrar el sobre con una mezcla de curiosidad y vergüenza, como quien escucha detrás de una puerta.
Cuando empecé a escribir «Las cartas de Altea» entendí que la novela no iba de lo que decían esas cartas, sino de por qué no me atrevía a abrirlas. Hay historias que solo podemos contar cuando nos damos permiso para inventarlas.
La Clara de la novela sí las abre. Yo todavía no. Quizá cuando la termine de corregir.